Metodología

Como estudiante de asignaturas como Metodología de la Enseñanza del inglés entre otras me prometí a mí misma en su momento que si alguna vez me dedicase a la enseñanza del inglés nunca explicaría de manera tan tediosa lo que nos explicaban ellos. Aquellas tediosas clases en las que nos decían que nuestras clases tenían que ser divertidas, relajadas, adaptadas a las necesidades del alumno, etc… gracias al refuerzo contrario me hicieron ver lo necesitado que está el mundo de tener un aprendizaje ameno, relajado, divertido y variado.

 

Así pues mis clases serían divertidas, pero divertidas de verdad, y sobre todo dedicadas a las necesidades particulares de mis alumnos. ¡Y así son! 

 

Basada en mi experiencia ya he podido comprobar que las clases con dos alumnos españoles a la vez no son menos eficientes para su adquisición del inglés. Sí, son más divertidas quizás para ellos, pero éstos acaban hablando en español entre sí para entenderse con sus compañeros, hermanos u amigos y al final no sienten una necesidad real de comunicarse en inglés. Lo cual nos distrae del objetivo principal, que es que ellos aprendan a comunicarse en inglés conmigo igual que un nativo lo aprendería, a base de repetición de estructuras básicas sin que ellos se den cuenta mientras juegan.

 

Podría cobrar más si tomase grupos de 5 alumnos a la vez, desde luego, pero yo quiero que mis clases sean populares por su eficacia. Yo quiero ver resultados y que vosotros los veáis también. Cada alumno aprende de manera distinta, y hay métodos que son muy eficaces con unos y con otros no, como tengo ocasión de comprobar cada día en mis clases. Y me gustaría usar todo lo más eficaz para que tanto padres como alumnos le saquen la máxima rentabilidad a su dinero. Y yo a mi reputación como profesora de inglés. 

 

Aclaro, lo mío no son clases de gramática e inglés al uso. Mis alumnos pequeños aprenden jugando y los más mayores hablando sobre lo que les apasiona o propiciando temas para usar el vocabulario que desean ampliar más en inglés. Son ante todo clases específicamente adaptadas a la necesidad de cada alumno. Por eso y aunque cobre menos dinero así (lo mismo con el tiempo y la demanda me veo obligada a subir mi tarifa, aunque de momento la dejo en lo que está) prefiero que mis clases sean más bien de atención individualizada.

 

Ideales también para todos esos niños que se aburren en las clases de inglés del cole o academia porque tienen déficit de atención, o más bien exceso de prestar mucha atención a muchas cosas distintas a la vez. Ya que una sabe lo que es perder el interés en una materia porque sabe que el maestro no tiene en cuenta o le dá igual lo aburrido que esté siendo y prosigue con ese mismo método. 

 

Yo no imparto reglas gramaticales y no escribo en pizarra para que copien mucho, ni les mando deberes apenas. Si lo dicen mal, les repito la frase correcta todas las veces que haga falta para que la vayan asimilando sin hacer mucho hincapié en que la que usaron no es la más angloparlante. Se trata de motivarlos y que pasen un rato ameno y vayan tomando expresiones inglesas y coloquialismos del día a día que se pueden dar hablando con cualquier nativo.

 

Para ello me preparo materiales que aunque parezcan juegos llevan consigo una gran cantidad de vocabulario y expresiones que nunca se emplearían en una clase de inglés al uso, creo que ni en academias aprenden tanto. Los niños se divierten y se entretienen, los adolescentes pasan un buen rato y salen empoderados de mis clases hasta como para participar en clase de inglés de la noche a la mañana, y en general, yo también me lo paso estupendamente disfrutando de la oportunidad de conocer a cada uno de mis alumnos y viendo su progreso casi desde el final de mi primera clase.

 

Mi trato cercano les hace sentir como en casa y las clases no se limitan sólo a la casa, podemos merendar en inglés, podemos salir al supermercado o al parque, podemos irnos de paseo para hablar de lo que vemos o enseñarles vocabulario básico, podemos jugar con pistolas de agua o al escondite. 

 

 

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